
Aunque parezca paradojico por el inicio del post no voy a entrar en la parte narrativa ni en los gustos de cada uno. Prefiero verlo desde el otro lado, el del negocio, donde la cosa cambia bastante, y luego volveremos a este.
El negocio de los cines (o Distribución de Contenidos Cinematográficos mediante Exhibición en Salas, más detallado), es un negocio minorista, retailer, clásico. Asà pues la primera variable es la localización (location, location, location), algo que está perdiendo importancia al ser desintermediado como les ha pasado a otros minoristas. La siguiente variable es la creación de experiencias en el punto de venta. Si mi mayor coste es el local y la amortización, debo generar la mayor cantidad de valor al cliente con estos elementos. Hasta ahora el exhibidor no encontraba la manera definitiva de incrementar el valor por esta vÃa, industrÃa no ayudaba y el cine digital no terminaba de arrancar (no aportaba realmente valor diferencial para el cliente final) y sólo se salvaban experiencias tan interesantes e innovadoras como CineGames o los asientos premium en salas de Yelmo Cineplex (iniciativas que solemos visitar in situ en los cursos que imparto, gracias Enrique MartÃnez, Director Técnico, y a la gente de Yelmo).
Sin embargo con el 3D sà se está consiguiendo que la gente sienta experiencias diferenciales cuando va a las salas. Y de aquà volvemos a Avatar. Mientras otras pelÃculas hacen salir cosas de la pantalla usando el 3D, o reformatean pelÃculas de éxito como Toy Story, el objetivo de James Cameron iba más allá. Lo que él querÃa era llevar a la gente a Pandora usando la tecnologÃa 3D. El director esperó varios años, desde 1995 que concibe el proyecto, para poder realizar la pelÃcula como deseaba, incorporando cámaras que podÃan captar movimientos directos de la cara de los actores, por ejemplo. “La recreación del planeta Pandora se ha hecho a partir de un sistema de 3D estereoscópico que Cameron utiliza para llevar al espectador a lugares desconocidos hasta ahora”. Pueden comprobar si lo ha conseguido o no siendo parte del próximo record mundial de taquilla.
El resultado es un producto que sà que genera experiencias diferenciales, sà que propone sensaciones nuevas, por supuesto que crea un valor percibible por el cliente final que acude a la sala, y por todo esto sà que estamos dispuestos a pagar y a ir al cine. Aunque la historia sea la de siempre (ya dice Robert McKee en su libro y seminarios sobre el guión que hay unos pocos y definidos temas sobre los que contar historias; también otros autores argumentan que siempre se repiten las historias clásicas), esta nueva manera de contarla nos hace sentir, disfrutar y querer pagar por ello.
El cine (en 3D) ha vuelto, larga vida al cine
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